8 de Marzo - El día que ya no me pude hacer mas la boluda (Parte I)

Actualizado: 30 jun 2021

Llega un día en tu vida en donde sentís que ya no podés hacerte más la boluda con determinados temas.

Llega un día en donde te detenes un minuto a pensar en toda tu existencia y decís:

“No puedo cargar más con esto”. “No puedo tapar más el sol ni con este dedo, ni con este otro, ni con la mano completa”. “Ya está. No puedo más. No quiero más. Basta para mí, basta para todes”.

Ayer (o más bien hoy por la madrugada) fue ese día para mí.

Ayer 8 de marzo de 2020, por primera vez en 31 años concurrí a una marcha.

Bueno, miento, no fue la primera. La primera fue en Bariloche hace un par de años con mi amiga Paulita, cuando tomamos conciencia de que el Lago Nahuel Huapi estaba siendo contaminado por todos los desechos cloacales que se estaban vertiendo en el mismo.

La segunda, fue el año pasado junto con mi mamá en reclamo de la “seguridad” del pueblo en el que me crie, luego de que una vecina fue asesinada por un menor de edad para robarle un kilo de pan

Y ayer fue la tercera, pero la primera de lo que siento serán muchas mas a lo largo de mi vida.

Ayer asistí a una marcha feminista. Una marcha en donde yo, como muchas mujeres del mundo, caminábamos pacíficamente por las calles de Estocolmo para reclamar por nuestros derechos.

Derechos de los cuales no tenía ni puta idea, hasta hace menos de un año, y por los cuales miles de mujeres a lo largo del globo vienen reclamando hace siglos, para que todas podamos vivir en sociedades más igualitarias.

No voy a mentirles. Llegue, saque una foto para mostrarle a mi amiga Dora donde estaba, para mostrarle con orgullo que me había levantado de la cama y que estaba ahí, con centenares de mujeres agitando la bandera del feminismo.

A los quince minutos, me quería ir a la mierda.

Bancaba y apoyaba los motivos de todo lo que se quería hacer visible; los motivos por los cuales se quería alzar la voz, pero yo sentía que era sapo de otro pozo.

Como si una parte de mí no perteneciera a todo aquello.

No sé, me incomodaba estar ahí.

Pensé en volver a mi casa. ¿Qué sentido tenía? No conocía a nadie. Podía estar ahí o en cualquier otro lado, bancando esas ideas y así y todo no exponerme a una sensación de incomodidad que hasta yo no entendía bien porque, pero bueno, era lo que sentía y ya.

Decidí quedarme.

Así como nadie me obligaba a estar ahí, nadie tampoco me decía que no podía estarlo.

No saber las canciones; no tener el pañuelo verde o la cara pintada con purpurina violeta no eran tampoco motivos por los cuales alguien me diría: “che, ¿y vos que tan feminista sos?”

Creo que lo que me incomodaba, básicamente, era que hasta hace dos años yo no estaba de ese lado. O eso creía.

Pero como dije al principio de este post, llega un momento de tu vida donde no podés hacerte más la boluda con determinados temas y es ahí donde tenes que decidir de que lado estar.

El FEMINISMO, es uno.

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Marzo de 2017, Bariloche, Argentina.

Dora me habla de FEMINISMO y yo la escucho, pero sigo en mi postura.

No estoy de acuerdo con un movimiento que me parece extremo, que creo que lo único que hace es ponerse en contra del hombre.

No puede hablarse de igualdad si parece que el sexo opuesto es todo lo que esta mal.

Ni hablemos del ABORTO. Estoy totalmente en desacuerdo. Está bien, si es por un caso de violación, pero todo lo demás, no. Me parece que es de gente irresponsable que ya a una determinada altura de la vida, a una determinada edad y con todos los métodos anticonceptivos que hay no tiene excusa.

Aprobar esa ley por la que se lucha, es matar a un ser que no tiene la culpa de gente que pensó mas con la cabeza de abajo que con la de arriba.

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Enero 2018, Argentina.

Me estoy comiendo mis propias palabras como si fueran el peor de los venenos.

Todxs podemos hablar mucho, hasta que nos cae el escupitajo que lanzamos al aire con la ignorancia de lo que no se sabe, no se siente, ni se vive, por el simple hecho de que hablar es gratis y a las palabras en la Patagonia se las lleva el viento.

No es necesario que Dora me diga: “¿te acordas todo lo que dijiste el verano pasado?” porque recuerdo cada palabra como si fueran astillas en mi mano, que, si no las quito pronto, se van a meter en todo mi cuerpo y a través de la sangre, me van a llegar al corazón.

Todxs nos creemos que somos cracks de la teoría, hasta que la vida te pone a prueba con la práctica. Hasta que de eso que hablabas

de lejos, te toca de cerquita.

Hasta que no te pasa a vos o a alguien de los tuyos, hay temas de los que realmente es preferible no hablar, no juzgar, no opinar, ni decir, porque créeme que ahí, no hay receta de manual que aplique.

Hasta que el ABORTO no me toco de cerca, no sabía ni de lo que estaba hablando.

Si bien no me toco a mí, la persona que tuvo que tomar esa difícil decisión es uno de los seres que mas amo en este planeta y créeme que no hay nada mas doloroso que ver sufrir a alguien a quien amas ver que le pesa el alma por tener que decidir algo así y tener que hacer como si nada, porque en la sociedad en la que vivimos parece que es mala palabra.

Porque ella misma es su peor jueza y no se cura con el paso de los días, ni de las semanas.

No hay nada que duela mas ver a alguien que queres, con la mirada perdida, sumergida en sus propios pensamientos apagándose día a día, yéndose a la cama cada noche preguntando si hizo bien o no. Yendo a su doctora con miedo de lo que pueda decirle respecto al estado de todos esos órganos con los que las mujeres podemos dar vida a otros seres y sintiendo la vergüenza de haber decidido sobre su propio cuerpo.

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Junio 2018, Buenos Aires, Argentina

Estamos en Tigre, acabamos de sentarnos en una parrillita a orillas del Delta. No damos más del hambre, ni del frio que hace afuera.

No recuerdo salidas de solo mujeres como estas.

Luego de un rato, el tema de la ley del ABORTO se toca en la mesa en base a una conversación que tuve hace poco con Eri, mi hermana, quien se quedo estudiando en La Plata, donde en abril de 2019 se recibirá de MEDICA. Para ella, no hay otra opción posible. Debe legalizarse.

Es un tema de SALUD Pública. Ver morir mujeres en tu lugar de trabajo, por abortos clandestinos mal realizados, no es algo que pueda pasarse por alto.

Mi tía y mi mamá piensan igual. Mas de 20 años de maternidad les han dado la sabiduría necesaria para entender la importancia de la consciencia respecto a lo que la misma implica. Que no todos los embarazos, ni los hijes son iguales y que, así como la felicidad y el amor que como hijxs pudimos generarles, también hay dolores que van a quedar marcados en ellas para siempre. Elegir ser madre, no es una decisión que pueda tomarse a la ligera, pero toda mujer debe poder hacerlo (decidirlo) para poder dar lo mejor de sí, porque los años venideros serán tan lindos como pesados y requerirán de cada una mucho mas que dar la teta y cambiar pañales. Implica resignar una parte de tu vida para priorizar a otro Ser mas que a vos misma y de eso sí que no hay vuelta atrás. Una vez que sos madre, lo sos para toda la vida.

Mi abuela, que a pesar de ser la persona mas matriarcal que conozco, lucha a diario con todas esas estructuras internas formadas por esas ideas impuestas por la sociedad en su época y aunque muchas veces le cuesta muchísimo agradece que hoy haya cosas que puedan decidirse, que puedan hablarse y debatirse, aunque para tantas otras su clásico: “HASTA ACA” marque los limites de muchas conversaciones. Para ella, que entiende que lo que se esta exigiendo y por lo que se esta luchando, es por una ley que evite la muerte de miles de mujeres al año por abortos realizados en centros clandestinos y no que, si lo que se esta debatiendo es LO QUE SE DEBE y lo que NO, para ella tampoco hay otra opción posible.

Mi prima Tati, la única Centenial de la mesa cuya forma de ver la vida, amo, porque ella a diferencia de todas nosotras, ella no se hace la boluda con nada. Mas de una vez sufre su propia falta de filtros y sus formas de expresión sincericidas que no toleran grises.

Todas y cada una de nosotras. Silent Generation (la abuela), Baby Boom (mamá), generación X (la tía), Generación Y (Eri y yo) y la generación Z (Tatuna) estamos de acuerdo con que más allá de la época en la que nacimos y crecimos, hoy, en la que vivimos hay una sola opción posible con respecto a este tema:

El ABORTO debe ser LEGAL, SEGURO Y GRATUITO.

Continuara... (como nuestra deconstrucción...

como nuestra lucha contra el patriarcado machista, del cual yo también formaba parte, hasta que no pude hacerme mas la boluda...)

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