El trabajo y "Ella"

Aún en Melbourne, me inscribí para participar en mi primer concurso de escritura.

La temática era "El trabajo y sus historias", un tema que durante mis tres meses de viaje por Australia fue de mucha reflexión.

Hace unos días, me informaron que mi trabajo no pudo ingresar por un tema de fechas y plazos. Me entristeció un poco, pero la realidad es que me gusto tanto trabajar sobre el mismo, que hoy decido compartirlo con ustedes. Espero les guste :)

Parecía una mañana como cualquier otra. Un reloj inglés de una vieja torre gótica que reflejaba los primeros rayos del sol, marcaron exactamente las 7,28 am.

Valeria ya está sentada en el mismo tren de cada mañana. Hoy tocó el lado del pasillo. Por algún motivo quiere escuchar esa canción que le encanta del disco de Los Fabulosos Cadillac que le regaló a su exnovio.

El tren arranca, al mismo tiempo que ella pone PLAY a esa canción: “Nosotros Egoístas”. Ni ella entiende por qué le gusta tanto. La melodía es hermosa, pero el tema de la canción es bastante triste.

En treinta minutos estará en Lomas de Zamora donde deberá caminar dos cuadras hasta llegar al colectivo que la dejará en Camino de Cintura. De ahí caminará cuatro cuadras por un barrio algo peligroso y finalmente llegará a su trabajo: ese depósito inmenso donde está la oficina en la que trabaja de lunes a viernes de 9 a 18hs, todos los días desde hace un año. Exactamente 365 días. Lo que ella no sabe, es que ese día conocerá a una mujer que cambiará su vida para siempre.

Ya en su trabajo, prepara su tecito habitual y se acomoda en su escritorio. Exactamente como lo hizo ayer, lunes. Intercambia algún que otro comentario con un compañero de oficina con respecto al clima, el gobierno de turno y la oposición, la suba del dólar o la ola de inseguridad que afecta a la provincia.

Ella percibe algo distinto en el ambiente hoy, pero todo parece igual que ayer y que los cinco días anteriores de la semana que pasó. Desde su silla se detiene a observar toda la oficina. La ubicación de los escritorios, la mirada fija de todos sus colegas en sus computadoras y en sus teléfonos celulares. Cada puesto de trabajo parece una especie de submundo interno.

Vuelve la mirada a su PC y entra en su pequeño mundo, ella también. Revisa los mails; contesta alguna que otra llamada de algún cliente quejándose por una entrega sin realizar; llama a los transportistas para ver que ocurrió; lee el diario; contesta más mails y realiza unas llamadas. Como siempre.

Son menos de las doce del mediodía y ya encargó que le trajeran el menú del día a la casa de comidas que llaman todos. En instantes un compañero grita que ya llegó la comida. Todos al mismo tiempo se levantan de sus sillas para ir en busca de su almuerzo. Ella hace dos pasos y luego oscuridad.

En unos segundos despierta.

  • ¿Qué pasó? - se pregunta a sí misma.

Está en una habitación blanca. La luminosidad de esta la encandila al punto que le es muy difícil abrir los ojos por completo. Está sola.

  • ¿Dónde estoy? - se pregunta.

No hace frío ni calor. Ahora puede ver con un poquito más de claridad. ¿Cómo fue a parar en ese cuarto? ¿Será algún lugar de oficina que ella no conoció jamás?

Da un giro de 180° y en una de las paredes, estaba ella.

Una mujer de piel blanca como la nieve, impoluta, impecable. Viste un vestido negro que resalta aún más su tez clara. Sus ojos son una mezcla entre verdes y marrones que hipnotizan. Lleva los labios pintados de rojo intenso. No sonríe, pero su boca parece esconder una especie de mueca que denota que está disfrutando todo lo que ocurre.

Valeria está muerta de miedo.

  • Hooo…la… Disculpe. ¿Nos conocemos? ¿Usted trabaja aquí también?

La mujer la mira fijo.

  • Mi nombre es Valeria. Soy una de las ejecutivas de venta de la empresa. No sé cómo fue que terminé por aquí. ¿Sabe dónde está la salida para volver a la Planta 1?

La mujer continúa mirándola, sin emitir ni un solo sonido. Luego de unos minutos, niega con la cabeza.

  • Bueno, no se preocupe. Voy a ver como salg…

No termina su frase y Valeria queda estampada contra una de las esquinas de la habitación, como si una fuerza invisible la empujara. Intenta levantarse y vuelve a caer. Algo la vuelve a tirar.

  • ¿Qué carajo es esto?

La mujer da pasos lentos, pero firmes hacia ella. No mueve su boca, ni pronuncia palabra, pero una voz se hace presente en el sitio. No puede definir si es un parlante o una voz en su cabeza, pero la voz le habla a ella.

  • Valeria. Estás muriendo - dice la voz

  • ¿Queeeeé? – grita Valeria

La mujer sigue mirándola fija, sin emitir sonido, ni movimiento. Solo la mira. La voz continúa hablando.

  • Si, Valeria. Estás muriendo.

  • ¿Fallecí? - pregunta Valeria. - ¿Cuándo? Lo último que recuerdo es que estaba trabajando, como todos los días. En la oficina, como siempre. Me levanté a buscar mi almuerzo y de ahí no puedo recordar más nada. ¿Cómo que fallecí? ¿Cómo pasó?

  • Valeria, no falleciste. Estás muriendo. Te estás matando - dice la voz.

  • ¡¿Eeeeeh?! Si esto es una broma es de muy mal gusto, grita Valeria mirando a la mujer misteriosa e inmóvil que tiene en frente y a la voz que no sabe de dónde le habla.

  • Vos sabes quien soy. Desde el momento en que naciste, sabías que algún día vendría a buscarte.

  • No, no sé quién sos.

  • Valeria. Soy la muerte.

A Valeria se le congela la sangre.

  • ¿La muerte? ¿Esto es un chiste?

  • No, Valeria. Vengo a llevarte.

  • ¡¿Eh?! Pero… ¿Por qué a mí? ¿Qué hice?

  • La pregunta sería más bien ¿qué no hiciste?

  • Yo… no hice nada.

  • Exactamente, Valeria. No hiciste nada. No hiciste nada con el tiempo que te di.

  • ¿Qué tiempo? ¿De qué estás hablando? Yo soy una buena persona, una chica responsable. No hice nada malo. Solo trabajo, como todo el mundo. Cumplo con mis obligaciones. Amo a mi familia. De verdad, deben estar confundiéndose de persona.

  • Señora - le dice a la mujer que tiene en frente - debe haber un error

  • Valeria, ¿qué hiciste con el tiempo que te di?

  • ¿Qué tiempo? Yo no sé de qué me hablan.

  • Tu vida, Valeria ¿Qué hiciste con tu vida?

  • ¿Cómo qué hice con mi vida? La viví. Estudié, trabajé. Fui una persona responsable, como todo el mundo.

  • ¿Quién es todo el mundo? Valeria, ¿qué hiciste con el tiempo que te di? ¿Qué hiciste con la vida que te fue obsequiada hasta que yo llegara? ¿Qué hiciste? Lo siento mucho, pero es tiempo de que vengas conmigo.

  • ¡No, por favor! ¡Te lo imploro! No quiero irme todavía. Me queda mucho por seguir viviendo. Tengo apenas 30 años, estoy sana todavía. Me gustaría poder tener hijos antes de irme y formar una familia. Me gustaría ir a recorrer un poco más el mundo. Me gustaría poder estar más tiempo con los seres que amo. Me gustaría poder aprender a tocar el tambor. Me gustaría poder cumplir mi sueño de ser escritora y escribir mi primer libro. Me gustaría… poder conocer al amor de mi vida. ¡Por favor te lo pido! ¡No me lleves!

Silencio.

La mujer que permanece inmóvil frente a ella, la mira diferente, como pensativa. La mueca de su boca que parecía hasta burlona y maléfica, se desdibuja y se queda sin expresión.

  • Valeria - la voz vuelve a hacerse presente. ¿Qué hiciste con el tiempo que te di? ¿Por qué no lo aprovechaste para hacer todo eso que ahora tenés ganas de hacer antes de que te lleve?

  • No sé qué pasó. Jamás creí que vendrías tan pronto a buscarme. Soy joven aún.

  • Valeria, 30 años es más de un cuarto de siglo. ¿Qué esperabas para hacer todo eso que querías?

  • Es que yo creí que iba a morir de vieja. Qué se yo. A los 90, como mi bisabuela.

  • ¿Y quién te dijo eso?

  • Nadie. Yo, lo pensé.

  • Claro, pero no es así. No hay una edad específica en la que la gente muere. Vuelvo a preguntarte. ¿Qué hiciste con el tiempo que te di?

Valeria comienza a explicar.

  • Bueno. Luego de la secundaria, comencé a estudiar para obtener mi Licenciatura en Turismo, ya que amo viajar y mi sueño era poder recorrer el mundo escribiendo un libro por cada país que conocía. Durante mis años universitarios, trabajé en un quiosco para poder mantenerme los estudios. Cuando me gradué, mi papá me presentó a un amigo que tenía una empresa de calzados. No tenía nada que ver con lo que había estudiado, pero me pagaban muy bien y decidí posponer mis sueños por un tiempito hasta que acumulara el dinero suficiente para poder irme de viaje por el mundo. Trabajé muy duro por tres años, pero no sirvió de nada porque luego la empresa quebró y yo me quedé sin trabajo. Como alquilaba un departamento, tenía mi auto y algunas deudas en la tarjeta de crédito por compras de ropa, calzado y un par de cosas más, necesitaba un nuevo trabajo que pudiera seguir manteniendo mi nivel económico de ese momento por lo que luego de buscar desesperadamente, finalmente encontré esta empresa de logística en la cual trabajo hace un año y donde me ascendieron en enero a Ejecutiva de Ventas.

Silencio nuevamente.

La mujer ahora mira a Valeria, con ojos de compasión y un aire de tristeza.

Valeria la mira y luego baja la mirada.

Dos gruesas lágrimas comienzan a caer de sus ojos, hasta que su llanto se vuelve una catarata. Siente una angustia en el pecho que no la deja respirar. La invade la tristeza y comienza a gritar.

  • ¡Perdón! Por favor perdóname. Desperdicié el tiempo que me regalaste y ahora no me alcanza para poder ir en busca de lo que siempre quise para mí.

  • Valeria, no me pidas perdón a mí. Perdónate tú.

Mi nombre es Paula. Tengo 30 años, soy Licenciada en Relaciones Públicas y hace seis años me tocó toparme con la misma mujer con la que se topó Valeria en el cuento.

Como supondrán no fue nada agradable encontrarme con la muerte cara a cara. Como el personaje de la historia, para mí era un día como cualquier otro. Un día donde había hecho exactamente las mismas cosas que había hecho por un año de lunes a viernes, de 9 a 18 hs.

Me dio miedo. Me dio rabia. Me dio bronca. Maldije hasta lo que se imaginen. Lloré y sufrí hasta quedarme sin lágrimas.

Quien alguna vez en su vida sufrió una perdida de alguien cercano, sabe de lo que le hablo. Quien no, aquí va mi mensaje:

El encuentro con la muerte resignificará todos y cada uno de los aspectos de tu vida.

Tu mundo se dará vuelta hasta quedar de cabeza. Lo que hasta ese momento te parecía importante, dejará de serlo y lo que creías que iba a estar siempre, te darás cuenta de que no.

Valorarás algo que hasta el momento no le habías dado importancia. Algo que creías que ibas a tener siempre y para siempre: TIEMPO

El tiempo adquirirá un valor en tu vida, que ni todos los sueldos de un año junto con dos aguinaldos podrán pagarte.

Te darás cuenta el que dejaste ir y comenzarás a valorar el que tienes ahora, porque nadie sabe el que le queda por delante y sobre todo comprenderás, que es lo único que no se recupera jamás.

Me hubiese gustado no tener que toparme con esa mujer para entenderlo, pero hoy puedo asegurar que, si no hubiese sido por la MUERTE, jamás habría resignificado la VIDA.

El tiempo es hoy. Y lo que hagamos con él es tan importante como las decisiones que tomemos para apreciar este regalo que nos fue dado.

Dentro de todas esas decisiones, el TRABAJO es una de las mas importantes.

El trabajo nos dignifica. Es lo que hace que una sociedad salga adelante y que un país entero progrese. Es necesario no sólo para nuestras vidas, sino también para nuestra vida en sociedad.

Pero…Si no es el tipo de trabajo que te llena el alma cada vez que lo realices. Si no te apasiona.

Si no te hace feliz. Si no sentís que al realizarlo estás aportando tu granito de arena para cambiar el mundo en el que vivimos.

Si no es algo que harías así no te pagaran ese sueldo que aparece en numeritos de tu Home Banking a principio de mes.

Si limita tu tiempo de ocio y disfrute con los seres que amas sólo a los sábados, domingos y feriados.

Si solo te da quince días al año, los cuales sabes que no alcanzan para ir a recorrer el mundo.

Si al realizarlo sentís que estás trabajando para cumplir los sueños de otros y no los tuyos.

Si todo eso es así, lamento decirte que no estás “TRABAJANDO”. Estás “MURIENDO”. O peor aún, “TE ESTÁS MATANDO”.

No esperes a encontrarte con esa mujer para ir en búsqueda de todo aquello que soñabas, porque nunca habrá tiempo suficiente; y cuando elijas tu trabajo, recoda esta frase que todos escuchamos alguna vez: “Trabaja de lo que amas, y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”. ¡Buena Jornada! ¡Buena vida!

Pauli Farias

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